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viernes, 18 de marzo de 2022

Análisis de The Corridor, de María Helena Vieira Da Silva

marzo 18, 2022 0 Comments

The Corridor es un lienzo pintado al óleo de 1950 realizado por la artista portuguesa María Helena Vieira Da Silva. Es un cuadro rectangular de 648 × 911 mm que fue comprado en 1953 por el Museo Nacional Británico de Arte Moderno, más conocido como el Museo TATE. No obstante, actualmente no está en exhibición.

Lo que más me llamó la atención de esta obra fue su abstracción y a su vez, lo tétrica que me resulta. Es profundamente abstracta porque no tiene apenas similitud con un paisaje o un espacio de la vida real, sin embargo, se puede ver que intenta imitar un pasillo. Asimismo, aunque a simple vista parezca un pasillo más, hay ciertos detalles un tanto sombríos que hacen que el cuadro tome connotaciones relacionadas con el arte de lo sublime.

Objetivamente hablando, lo que encontramos cuando observamos este cuadro es la representación abstracta de un pasillo mediante una composición geométrica que se extiende a lo largo de todo el cuadro. Dentro de esta composición, vemos líneas que forman cuadrados, rectángulos triángulos y rombos; únicas figuras en el cuadro. Es obvio que la línea juega un papel fundamental frente al color, que también hace presencia en la obra, pero de manera secundaria. Principalmente, vemos tonalidades pálidas en grises, beige y ocres; no obstante, si nos fijamos más en detalle, podemos ver variaciones de color que se salen de esta estructura geométrica y que parecen asemejar sombras, así como hay líneas de mayor fuerza y un color más oscuro que rompen la armonía y la serenidad en el cuadro. Este pasillo en cuestión, está representado de un modo en el que parezca que no tiene fin, ya que los cuadrados se vuelven cada vez más pequeños, haciendo que se cree una sensación de profundidad que termina por hacer que el ojo la perciba como interminable.

Léger, F. (1921) Tres mujeres.

Analizando esta obra de forma técnica, podemos ver que se inscribe dentro del paisajismo abstracto, estilo habitual de la artista y apreciable en este cuadro por la representación de un cierto paisaje con motivos y formas propias de la abstracción. Vieira Da Silva encuentra sus referentes en la cultura popular portuguesa, reflejada en elementos como los paisajes y la creación de mosaicos, así como también aplica las expresiones y las formas del arte moderno francés. Asimismo, en esta obra, perteneciente a su etapa temprana, se fija mucho en los métodos y las obras de Cézanne. Del mismo modo, se puede percibir una obvia obsesión por los espacios y la forma de representarlos, al igual que el pintor postimpresionista. Además, durante esta etapa, mezcla motivos del cubismo─presente en la constante utilización de figuras geométricas─, el futurismo─exceso y repetición de líneas y formas, intención de movimiento─y el constructivismo─cuadros construidos con formas geométricas muy definidas─.

María Helena Vieira Da Silva encuentra sus principales influencias en el cubista Fernand Léger, quien le impartió clase y, a partir de 1930, del grupo artístico denominado como Cercle et Carré, que buscaba promover la abstracción geométrica. Cabe destacar que es considerada una de las artistas portuguesas más influyentes del arte moderno y de la abstracción, habiendo sido galardonada con numerosos reconocimientos internacionales, así como su obra se ha extendido y ha llegado a grandes museos y exposiciones en países como Alemania, Italia, Portugal, España y Francia.

Analizando connotativamente la obra, podemos ver como se pretende representar un pasillo que poco a poco va deformándose e inclinándose levemente a la derecha provocado por la selección de figuras: las estructuras rectas se forman con cuadrados y rectángulos, mientras que en estas deformaciones que podemos apreciar, se crean principalmente con rombos. Asimismo, se observan zonas más oscuras de formas menos definidas que, desde mi punto de vista, representan sombras de personas. Personalmente, creo que aquí Vieira Da Silva quiso representar mediante un determinado paisaje el sentimiento de la ansiedad.

Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido que cruzar un pasillo muy largo que nos daba mucho miedo por alguna razón, sobre todo durante la infancia. Yo, personalmente, cuando era más pequeña solía tener una pesadilla recurrente donde tenía que avanzar por un pasillo que nunca parecía tener fin. En ese sueño, nunca ocurría nada malo, pero el hecho de no encontrar el final y de no saber si estaba sola, hacía que, cada vez que tenía esa pesadilla, me despertara en un estado de intranquilidad y agitación muy intensa. Este cuadro precisamente me recuerda a ese miedo y esa angustia que producen estos espacios. Así mismo, las sombras, los cambios bruscos de color y el no poder percibir el final hacen precisamente que este sentimiento se acentúe.

En conclusión, a pesar de que a simple vista parezca un cuadro sin ningún sentido o profundidad, como le ocurre a la mayoría de personas con las obras abstractas, en el fondo si haces el esfuerzo de realmente mirarla e intentar procesar realmente lo que te suscita, acabas por determinar que es una obra con un sentido muy profundo que te puede llegar a evocar una serie de sensaciones ciertamente inusuales para una obra de arte, como es la ansiedad. En definitiva, es una obra que debería volver a estar en exposición, ya que el arte es algo que debe transmitir sensaciones, y este cuadro lo consigue sublimemente.


  • Referencias bibliográficas

Vieira Da Silva, M. H. (1950). The Corridor [Cuadro]. TATE. https://www.tate.org.uk/art/artworks/vieira-da-silva-the-corridor-n06189

Triado Tur, J. R, Pendas García, M, & Triado Subirana, X. (2015). Historia del Arte. Vicens Vives.

Advisor, T. (2020). María Helena Vieira da Silva. P55.ART. https://www.p55.art/es/blogs/p55-magazine/maria-helena-vieira-da-silva

Léger, F. (1921). Tres mujeres [Cuadro]. MoMA. https://historia-arte.com/obras/tres-mujeres-de-leger




martes, 1 de marzo de 2022

Diario reflexivo: el pintor de pesadillas

marzo 01, 2022 0 Comments

Durante la clase del jueves 24 de febrero, estuvimos viendo los movimientos artísticos más populares en Europa durante el siglo XX, así como explicamos sus características generales y algunos de los autores más destacados; además de sus precedentes. En un momento de la sesión, al estar hablando de Füssli, se dijo algo acerca de las pesadillas, y aunque no tiene nada que ver con el artista del que estábamos hablando, gracias a la palabra pesadilla me acordé de un vídeo que vi hace no mucho tiempo acerca de un autor que, como inspiración, en muchas de sus obras retrataba los turbulentos sueños que tenía.

El autor en cuestión es ZdzisÅ‚aw BeksiÅ„ski, un pintor, fotógrafo y escultor polaco que nació en Sanok el 24 de febrero de 1929 y falleció en Varsovia el 21 de febrero de 2005. Es contemporáneo a muchos de los artistas que hemos visto en clase, pero con una diferencia: su manera de pintar difiere mucho de lo común y de lo socialmente aceptado. 

Beksiński era un hombre muy risueño, con un gran sentido del humor, sin embargo, su mundo interior estaba cargado de macabros y escabrosos motivos que, de alguna manera, el artista necesitaba exteriorizar y lo hizo mediante la pintura. Nunca llegó a tener ninguna formación artística porque inicialmente no quería lucrarse de su obra ni ser reconocido por ella, sino que simplemente lo utilizaba como una vía de escape de su sombrío pensamiento aunque, tras el profundo éxito que tuvo después de vender todas sus obras en una exposición celebrada en 1964 en Varsovia, decidió dedicarse plenamente a la pintura.

Estudió arquitectura en la Universidad de Cracovia, graduándose en 1952. Comenzó a trabajar de ello, pero no le fue de su agrado, por lo que terminó dejándolo al poco tiempo para centrarse en la fotografía. Es ahí también cuando comienza a pintar. Inicialmente, a principios de los 60 se dedica a representar paisajes y construcciones distópicas ciertamente abstractas, pero su estilo termina evolucionando a finales de década a lo que él mismo definió como realismo fantástico, donde representa ambientes surrealistas y postapocalípticos, muchas veces basado en sus propias pesadillas, donde eran recurrentes motivos tales como calaveras, cruces, árboles, escenas de muerte, putrefacción y figuras deformadas.

Su época del realismo fantástico, que abarca desde finales de los 60 hasta principios de los 80, es la más aclamada por la crítica, pues fue la que le dio el reconocimiento y la fama que a día de hoy sigue conservando. Tiene un total de 707 obras, y, curiosamente, ninguna de ellas tiene título porque BeksiÅ„ski no quería coartar al espectador poniendo títulos que limitaran las posibles interpretaciones del cuadro, aunque también, porque él tampoco sabía muchas veces que significaban sus cuadros, él únicamente quería “fotografiar” de la manera más fiel posible muchos de sus terrores nocturnos. Es por ello, que a continuación seleccionaré alguna de las obras que más me llamen la atención y intentaré darle una interpretación.

Beksiński, Z. (1972) Untitled.

La primera obra de la que me gustaría hablar es esta, de 1972, donde podemos ver a una persona caminando por un angosto valle donde multitud de figuras lo rodean y lo siguen a su paso. Primeramente, este cuadro hace referencia a la megalofobia: el miedo irracional a la inmensidad, a los objetos de gran tamaño. La persona es diminuta en relación con el resto de elementos de la imagen, lo que, desde mi punto de vista, podría simbolizar la pequeñez del ser humano en comparación con el universo. No obstante, a mí me gusta interpretarlo como la sensación de nimiedad que puedes llegar a experimentar cuando eres extremadamente inseguro. En este cuadro, la persona camina entre gigantes sobrios e inmóviles que parecen juzgarle; y es que, desde mi punto de vista, esta ilustración también puede ser interpretada como una cruda representación de la sociedad actual, donde las personas con una menor presencia, o un carácter menos fuerte, siempre acaban siendo juzgadas y, en ocasiones, pisoteadas y abatidas por las personas más grandes.

BeksiÅ„ski, Z. (s. f) Untitled.

Asimismo, debido a las fuertes tensiones y el conflicto armado entre Rusia y Ucrania, este cuadro me ha llamado muchísimo la atención porque, en mi opinión, simboliza la complejidad sentimental que llega a experimentar un soldado. Por una parte, puede simbolizar el vacío interior que supone el haber participado en una guerra y haber sobrevivido: el sobrevivir implica que has tenido que arrebatarle la vida a otro ser humano, y con ello, arrebatarle el futuro: todo lo que podría haber sido que ya no será. Esta ilustración puede llegar a representar en cierto modo la moralidad de las guerras: ¿Fue justo arrebatarle la vida por una causa política? ¿Tenía familia? ¿Acaso mi vida valía más que la suya…? Son cuestiones sin respuesta que acaban por consumir tu vitalidad, y, a pesar de haber sobrevivido y conservar la vida, mental y moralmente tu muerte llega ahí, porque esas interminables dudas y preguntas finalmente te acaban por destrozar anímicamente, así como poco a poco hacen que pierdas la razón e ilusión de haber sobrevivido: Sobreviví… ¿Pero a qué precio?

Asimismo, también puede simbolizar a su otra contraparte, al soldado cuya vida acaba abruptamente por motivos políticos superiores a él; cómo los soldados terminan por ser meros objetos para llegar a un fin cuyos medios se creen justificados.

En definitiva, BeksiÅ„ski es un excelente autor, y a pesar de que sus obras puedan resultar perturbadoras o, ciertamente, grotescas y asquerosas, es un artista excelente con una imaginación y un estilo muy crudo. Es el vivo ejemplo de que el arte no es siempre bello, ni ha de serlo para poder ser considerado arte, sino que, en mi opinión, ha de transmitirte algo: una sensación, una lección… Y BeksiÅ„ski consigue hacerlo a la perfección.